Tiempo, tiempo

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El tiempo nunca se detiene. Es una sentencia de la vida y la existencia. Si bien muchas veces queremos salir del mundo, detener la máquina y frenamos el ritmo, la verdad es que el tiempo sigue corriendo. Lo seres humanos terminamos siendo seres ficcionales de las ficciones que nosotros mismos nos escribimos. Y claro, aunque el tiempo es relativo, desde la narración hasta Einstein, es cierto también que no por eso deja de ser rotundo.

Como profesor de física me doy el derecho de decirlo: la relatividad dice que el tiempo de contrae y se dilata, pero no por eso se detiene. Es complejo entender eso del tiempo, pero tomando en sencillo, el juego es reconocer que aunque creamos que va parando, la verdad es que nunca lo hace. La vida no se trate de un viaje en moto por una larga carretera donde puedes frenar y estacionarte un rato. Es más, no habría “rato” si el tiempo no siguiera corriendo originalmente. Sigue leyendo

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Un viaje análogo

En mi cumpleaños pasado, mi roomie me regaló una cámara fotográfica desechable. Explico por si alguien más que yo nunca había tenido una, básicamente era una cámara muy básica para sacar un royo de fotos análogas y luego tirarla. La vi, traté de confirmar lo que creía que era y estallé en emoción.

A los pocos días de mi cumpleaños me iba de viaje a Chile. No había estado en Chile desde los primeros días de enero y realmente, volver al lugar donde había hecho casi toda mi vida me tenía vuelto loco. Más que todo, volver a ver a mi gente. Así, con la cámara en mano al momento de sacarla del envoltorio, al primer momento, decidí que la ocuparía para inmortalizar el viaje. Me encantaba la idea de que fuera, no sólo una cámara desechable, sino que mi cámara de viaje. Sigue leyendo

Rincones con alma

Cuando en noviembre del año pasado, me fui dar mi primer vuelta por Santiago, luego de haberme ido a vivir al extranjero, me di cuenta de lo poderosos que son los rincones en los que uno ha hecho su vida. Así, de las muchas tomas que hice, antes de que acabará el año, hice este video y ahora, cada vez que extraño un poco mi tierra, lo veo y me siento más cerca de todo.

Resoluciones 2018

Tengo que decir la verdad, entre la locura del cierre de año -y por cierre de año, me atrevo a hablar de noviembre hacia adelante- es que no me di el tempo de escribir, pero hay mucho que decir. Ahora sí, la verdad partiré por lo básico. El dosmildiecisiete se decidió a terminar en la locura y en algo así como darme vuelta un balde a agua fría sobre la cabeza.

Así me toco empezar a replantearme las cosas y en base a eso, viendo el vaso medio lleno, tener la oportunidad de repensar y empezar  trabajar por la vida que quiero. Así tal cual. Y en ese línea van mis resoluciones para este nuevo año también Sigue leyendo

“D” de desaparición y día del profesor

Confieso que he estado algo desaparecido. Desaparecido no sólo de aquí, desaparecido de las redes sociales y desaparecido a veces de la vida. Algo silencioso. Algo callado. A veces, me han pillado personas que me ven atrapado en el silencio y me preguntan si algo pasa.

Estos últimos días he pensado mucho en qué haré con mi futuro. He sentido la urgencia de mirar hacia adelante y tratar de encontrar qué hay en el horizonte. He pensado en mis planes, hacia dónde quiero ir y como haré para conseguir avanzar hacia el lugar que me proponga. La cabeza, el corazón y la guata me han dado vueltas. No han parado de darme vueltas.

El lunes pasado empecé a estar más callado. El lunes pasado celebraron en Chile el día del profesor. Me pregunté por qué no estaba yo hoy en la sala de clases. Llevo días mirando la foto que tengo en mi velador a un costado de mi cama. Es una foto de la sala de clases. Llevo días mirando la cara de esos monos chicos que el año pasado daban sentido a mis días. Hay pocas cosas que extraño más que el desafío constante de estar en una sala de cases. No hay desafío más bonito que trabajar para crecer junto a otros día a día.

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Escapada a Auvers-sur-Oise, última residencia de Vincent van Gogh

Aprovechando que hay menos gente en París y que hay menos trabajo, estoy en plan de ir recorriendo un poco más ciertos lugares que he ido descubriendo, más allá de los evidentes de esta ciudad. Así hace un tiempo descubrí que con la red de RATP (servicio de transporte público de París) podía llegar hasta Auvers-sur-Oise, pueblo donde vivió Vincent van Gogh algo así como sus 80 últimos días antes de suicidarse. Y bueno, siendo un fanático del artista, me propuse ir a darme una vuelta por el lugar. Acá la historia.

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